Showing posts with label instituciones. Show all posts
Showing posts with label instituciones. Show all posts

Saturday, November 22, 2014

Steuart y la economía como freno al absolutismo

En The Passions and the Interests. Political Arguments for Capitalism before its Triumph, Hirschman rescata la siguiente cita de James Steuart:
"The power of a modern prince, let it be, by the constitution of his kingdom, ever be so absolute, immediately becomes limited so soon as he establishes the plan of oeconomy which we are endeavouring to explain. If his authority formerly resembled the solidity and force of the wedge (which may indifferently be made use of, for splitting timber, stones and other hard bodies, and which may be thrown aside and taken up again at pleasure), it will at length come to resemble the delicacy of the watch, which is good for no other purpose than to mark the progression of time, and which is immediately destroyed, if put to any other use, or touched with any but the gentlest hand.
[A] modern oeconomy, therefore, is the most effectual bridle ever was invented against the folly of despotism"
Como el propio Hirschman comenta, el autor es un economista político del siglo dieciocho que considear al monarca como una figura clave para guiar la economía del país en la buena dirección. Sin embargo, la cita transpira alivio y confianza en los mecanismos económicos como un medio eficaz de frenar los excesos (folly) absolutistas del jefe de Estado. La economía como freno y contrapeso de la política, algo radicalmente opuesto a la visión actual (muy extendida en algunos sectores) de la política como víctima de la dictadura de los mercados.

La cita me parece extremadamente interesante por las ideas que inmediatamente le asaltan a uno:
1. La relación entre política y economía (o entre Estado o mercado) no ha estado siempre sujeta al mismo tipo de preguntas o inquietudes.
2. La Historia es fundamental para identificar los cambios institucionales en el funcionamiento del Estado y su relación con la esfera económica durante los últimos siglos. El Estado de hoy no es comparable al de hace dos siglos.
3. Los libertarios más radicales viven anclados en ese mundo del siglo dieciocho en el que el Estado sólo es capaz de locuras y excesos absolutistas mientras que la izquierda (¿alguna izquierda?) hace gala de una confianza excesiva en las posibilidades del Estado y una desconfianza también excesiva en el mercado como contrapeso/complemento indisociable del Estado moderno. Una visión más amplia del cambio institucional y el rol del Estado ayudaría a matizar y contextualizar muchas de estas ideas que aparecen recurrentemente en el debatre político. 


En resumen, hablamos mucho del Estado pero me temo que no disponemos de una teoría demasiado clara de lo que es, cómo funciona y de su evolución a lo largo de los últimos siglos. Puede que los historiadores económicos podamos ser útiles después de todo.

Monday, February 21, 2011

Revolución, desarrollo y cambio institucional: el caso de los países árabes

Las revueltas en países árabes han despertado un cierto sentimiento de optimismo y esperanza entre la opinión pública occidental. El sentir general es que podríamos asistir a la instauración de regímenes más democráticos en varios países de África. Túnez y Egipto son, claro está, los ejemplos más claros de esto. Algunos también se preguntan por la posibilidad de que el movimiento se extienda a otros países. Sin ánimo de ser demasiado aguafiestas, las revoluciones populares que hemos vivido en los últimos días me llevan más bien a adoptar una actitud sumamente prudente al redescubrirme lo lejos que estamos de comprender los mecanismos que aseguran la estabilidad de la democracia y garantizan un cambio institucional sostenible y creíble.
Una de las características de los países en vías de desarrollo es el papel que las élites juegan a la hora de garantizar un orden que contenga las tensiones y la tendencia a una explosión de violencia entre facciones o grupos de interés. Esto no es algo característico de los países pobres: Max Weber ya nos mostró el rol que el Estado tiene a la hora de monopolizar la violencia legítima y, desde una óptica más general, los distintos órdenes sociales a lo largo de la historia pueden verse como distintos intentos de controlar la amenaza de violencia que subyace en todas las sociedades. Al fin y al cabo, sólo después de lograr un "equilibrio pacífico" la sociedad puede preocuparse de producir, establecer relaciones comerciales o desarrollar las organizaciones que darán forma a las instituciones políticas y económicas. África es un ejemplo magnífico de cómo una primera respuesta para controlar la violencia pasa por un sistema de privilegio económico y político que beneficia a los grupos con mayor poder militar. Estos privilegios llevan a la creación de unas rentas económicas y políticas que, a pesar de su ineficiencia, previenen la explosión de violencia al "comprar" la lealtad de las élites: éstas prefieren gozar de los privilegios obtenidos en lugar de enzarzarse en luchas y guerras civiles (o no...). Una vez más, cabe recordar que esta lógica no es exclusiva de los países pobres contemporáneos: la Europa de antes de 1800 responde a esta misma lógica y sólo a partir de 1800 podemos encontrar algunos países que empiezan a gozar de lo que actualmente conocemos como un sistema económico y político desarrollado (en otras palabras: democracia, libertad económica y Estado del bienestar).
El desafío consiste en entender los mecanismos que permiten pasar de la lógica de privilegio (o acceso limitado) a otro orden en el que democracia y libertad económica mantienen el equilibrio virtuoso en el que algunos países nos encontramos.
Esto lleva a varias conclusiones y preguntas que dejo deliberadamente abiertas porque no tengo una respuesta clara aunque espero estar avanzando modestamente con el tipo de clases, profesores e investigación que Maryland me brinda:
- Necesitamos una teoría del cambio institucional que seguramente necesitará integrar el rol de la ideología y de las creencias así como una teoría de las organizaciones que vaya más allá de los clásicos en la disciplina. Ya se han dado pasos en este sentido pero la formidable complejidad del tema exige tiempo para que el lento pero implacable proceso de acumulación y avance marginal del conocimiento nos dé progresivamente resultados algo más estructurados.
- Para comprender el proceso de desarrollo, debemos entender las interacciones entre política y economía. Tanto los órdenes de acceso limitado como los órdenes sociales abiertos de los países desarrollados se caracterizan por una interacción entre la esfera económica y política que mantienen el equilibrio en el que se encuentra la sociedad. Mi escepticismo (o preocupación) sobre las perspectivas de Túnez o Egipto se debe a la poca atención que se presta a la realidad económica de estos países: no basta con garantizar elecciones abiertas y democráticas. ¿Seguirán en pie los privilegios económicos que benefician a una pequeña (aunque poderosa) parte de la población?, ¿quién asegura la credibilidad del nuevo gobierno? De momento sólo parece haber un inquietante vacío de poder en el que el ejército es amo y señor de la situación y la eterna amenaza de lucha entre facciones parece más real que nunca.
- En mi opinión, estas preguntas, dudas e inquietudes confirman más si cabe el interés de la historia económica para ayudarnos a comprender y a avanzar en el debate. La experiencia de los first movers nos ofrece algunas pistas de los factores que pueden contribuir a un desarrollo político y económico sostenible y efectivo. En los siglos XVIII y XIX los Estados Unidos, Inglaterra y Francia fueron los primeros países que culminaron esta transición a regímenes abiertos. ¿Cómo lo lograron? España ofrece en el siglo XX otro ejemplo más que interesante con su transición en los años 70. Por desgracia, España también nos muestra que tener elecciones democráticas no es, ni mucho menos, una condición suficiente para garantizar el éxito y la sostenibilidad del proceso de desarrollo. De ningún modo podemos concebir el cambio social como un proceso teleológico que desemboca necesariamente en la apertura política y económica: la II República española es un ejemplo dramático de cómo las viejas lógicas económicas pueden suponer un obstáculo insalvable para un nuevo orden.
No perdamos la esperanza, pero tomemos nota de todo esto cuando nos enfrentemos a los fascinantes cambios que están ocurriendo en los países árabes.

Friday, June 4, 2010

How Institutions Matter? The Interplay of Economics and Politics as the Drivers of Development Outcome: Evidence from Nine Countries

La conferencia inaugural de este ciclo con título kilométrico ha corrido a cargo de John Wallis (mi guía académico-espiritual en el rumbo que ha tomado mi aventura en Maryland), Barry Weingast y Steven Webb. A falta de leer con calma Violence and Social Orders. A Conceptual Framework for Interpreting Recorded Human History -el libro que los dos primeros han escrito junto con Douglass North y cuyo marco teórico ha sido presentado hoy y será desarrollado mañana con estudios aplicados a nueve países- he salido de la conferencia con una intuición y una ilusión.
La intuición está relacionada con el rol y la utilidad de la historia en tanto que científico social. Frente a los que esbozan una media sonrisa o directamente desdeñan el papel del historiador o de la historia en la comprensión de los fenómenos sociales, Wallis ha aportado algunos comentarios muy valiosos al explicar su visión sobre la utilidad del libro y de su teoría principal en el proceso de desarrollo. Para John Wallis, muchos de los problemas actuales en los programas de desarrollo provienen de una comprensión errónea de la propia historia (americana, en este caso) que se ve extrapolada a los países en vías de desarrollo. De manera complementaria a esta idea, leo a Charles Tilly en su Coercion, Capital and European States que un conocimiento riguroso del proceso de formación de los estados europeos puede ser de gran ayuda a la hora de evitar la aplicación de ideas absurdas y erróneas sobre la formación de los estados en el Tercer Mundo y para mostrar las similitudes y diferencias que contribuyan a una mejor comprensión del proceso de formación, transformación y deformación que tiene lugar en las zonas más pobres de nuestro planeta. Los comentarios de Wallis y de Tilly inciden en una idea que me ronda la cabeza desde hace algún tiempo: sólo a través de un sólido conocimiento y entendimiento del pasado podemos intentar comprender el presente y sólo a través de la comprensión del presente podemos aspirar a movernos con un mínimo de sentido en las profundas tinieblas que inevitablemente envuelven toda prospección de nuestras sociedades.
La reflexión anterior me lleva directamente a una ilusión que se ha visto alimentada con la conferencia: tengo la sensación de que la Historia Económica puede revelarse como una elección muy acertada como principal campo de estudio para el doctorado. Tengo muchísimo que aprender de gente tan increíblemente erudita (y humilde) como John Wallis y las preguntas y la complejidad de los temas que se tratan plantean un reto tan abrumador como motivador e interesante. Acumulemos esperanza e ilusión para cuando lleguen los momentos de zozobra (que llegarán).

Epílogo (26 de agosto): Leyendo la introducción del manual de la asignatura en la que seré asistente este semestre (American Economic History, de Jonathan Hughes y Louis P. Cain) me encuentro con una cita que refleja perfectamente una de las ideas principales expresadas en la entrada: "If we want to preserve our present, or even to change the course of our future economic affairs, it is best that we understand why the present relationships came into existence" (p. xx). Reconfortante.

Canción del día/Chanson du jour