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Wednesday, October 5, 2011

La Renta Básica de Ciudadanía: el eterno retorno y el debate imposible


"(…) versez chaque mois à chaque citoyen une somme
suffisante pour couvrir les besoins fondamentaux d’un
individu vivant seul. Versez-la lui qu’il travaille ou qu’il ne
travaille pas, qu’il soit pauvre ou qu’il soit riche (…).
Faites tout cela et puis observez ce qui se passe."

Collectif Charles Fourier


La Diputación de Guipuzkoa ha propuesto la implantación de una Renta Básica de Ciudadanía. La propuesta es recogida por El País con escepticismo (por decirlo de manera amable). Nada nuevo bajo el sol, por otra parte.
La Renta Básica es un tema que me interesa desde que tuve la oportunidad de indagar y trabajar sobre la idea hace algunos años. Para los despistados, retomo una de las definiciones más simples y completas de la propuesta:
"La Renta Básica es un ingreso incondicional otorgado de manera individual, sin demandas de contrapartida de trabajo o de control de medios a los beneficiarios".
El debate y los matices siempre son necesarios. No puedo detenerme a explicarlos uno a uno pero sí que me atrevo a recomendar que

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Los interesados en una introducción en forma de artículo a la propuesta lean esto.

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Aquellos que prefieran un análisis un poco más detallado pero siempre divulgativo y perfectamente comprensible para todo el mundo, lean esta magnífica introducción de Vanderborght y Van Parijs en forma de libro disponible en español o descargable gratuitamente en la edición francesa.

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Los que piensen que se trata de una medida utópica e izquierdosa le peguen una mirada a la defensa que Milton Friedman hace del impuesto negativo (medida que tendría los mismos efectos redistributivos que una Renta Básica). Para los "radical intellectuals" siempre es interesante comprobar que la medida puede constituir una vía capitalista al comunismo.

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Para los que crean que se trata de una medida filosóficamente indefendible, sería bueno comprobar cómo la medida casa perfectamente con un real-libertarismo extremadamente progresista (los valientes pueden intentar atacar esto) o con la teoría republicana de Philllip Pettit.

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Para los que crean que la medida supondría una revolución imposible e inviable con respecto a los dispositivos actualmente existentes en el Estado español, no estaría de más hojear el trabajo de Raventós y Arcarons.

La medida no será adoptada de la noche a la mañana. El sufragio universal tampoco lo fue. Tras eliminarse los requisitos de ingreso o educación, se tardaron varias décadas en incorporar a más de la mitad de la población: las mujeres. La Renta Básica proporciona un importante desafío intelectual que puede ofrecer guías muy valiosas para repensar y orientar las políticas que pretenden remodelar nuestros sistemas de protección social. La cosa merece algo más que editoriales despectivos, indiferencia o descalificaciones rápidas y desinformadas.

Monday, February 21, 2011

Revolución, desarrollo y cambio institucional: el caso de los países árabes

Las revueltas en países árabes han despertado un cierto sentimiento de optimismo y esperanza entre la opinión pública occidental. El sentir general es que podríamos asistir a la instauración de regímenes más democráticos en varios países de África. Túnez y Egipto son, claro está, los ejemplos más claros de esto. Algunos también se preguntan por la posibilidad de que el movimiento se extienda a otros países. Sin ánimo de ser demasiado aguafiestas, las revoluciones populares que hemos vivido en los últimos días me llevan más bien a adoptar una actitud sumamente prudente al redescubrirme lo lejos que estamos de comprender los mecanismos que aseguran la estabilidad de la democracia y garantizan un cambio institucional sostenible y creíble.
Una de las características de los países en vías de desarrollo es el papel que las élites juegan a la hora de garantizar un orden que contenga las tensiones y la tendencia a una explosión de violencia entre facciones o grupos de interés. Esto no es algo característico de los países pobres: Max Weber ya nos mostró el rol que el Estado tiene a la hora de monopolizar la violencia legítima y, desde una óptica más general, los distintos órdenes sociales a lo largo de la historia pueden verse como distintos intentos de controlar la amenaza de violencia que subyace en todas las sociedades. Al fin y al cabo, sólo después de lograr un "equilibrio pacífico" la sociedad puede preocuparse de producir, establecer relaciones comerciales o desarrollar las organizaciones que darán forma a las instituciones políticas y económicas. África es un ejemplo magnífico de cómo una primera respuesta para controlar la violencia pasa por un sistema de privilegio económico y político que beneficia a los grupos con mayor poder militar. Estos privilegios llevan a la creación de unas rentas económicas y políticas que, a pesar de su ineficiencia, previenen la explosión de violencia al "comprar" la lealtad de las élites: éstas prefieren gozar de los privilegios obtenidos en lugar de enzarzarse en luchas y guerras civiles (o no...). Una vez más, cabe recordar que esta lógica no es exclusiva de los países pobres contemporáneos: la Europa de antes de 1800 responde a esta misma lógica y sólo a partir de 1800 podemos encontrar algunos países que empiezan a gozar de lo que actualmente conocemos como un sistema económico y político desarrollado (en otras palabras: democracia, libertad económica y Estado del bienestar).
El desafío consiste en entender los mecanismos que permiten pasar de la lógica de privilegio (o acceso limitado) a otro orden en el que democracia y libertad económica mantienen el equilibrio virtuoso en el que algunos países nos encontramos.
Esto lleva a varias conclusiones y preguntas que dejo deliberadamente abiertas porque no tengo una respuesta clara aunque espero estar avanzando modestamente con el tipo de clases, profesores e investigación que Maryland me brinda:
- Necesitamos una teoría del cambio institucional que seguramente necesitará integrar el rol de la ideología y de las creencias así como una teoría de las organizaciones que vaya más allá de los clásicos en la disciplina. Ya se han dado pasos en este sentido pero la formidable complejidad del tema exige tiempo para que el lento pero implacable proceso de acumulación y avance marginal del conocimiento nos dé progresivamente resultados algo más estructurados.
- Para comprender el proceso de desarrollo, debemos entender las interacciones entre política y economía. Tanto los órdenes de acceso limitado como los órdenes sociales abiertos de los países desarrollados se caracterizan por una interacción entre la esfera económica y política que mantienen el equilibrio en el que se encuentra la sociedad. Mi escepticismo (o preocupación) sobre las perspectivas de Túnez o Egipto se debe a la poca atención que se presta a la realidad económica de estos países: no basta con garantizar elecciones abiertas y democráticas. ¿Seguirán en pie los privilegios económicos que benefician a una pequeña (aunque poderosa) parte de la población?, ¿quién asegura la credibilidad del nuevo gobierno? De momento sólo parece haber un inquietante vacío de poder en el que el ejército es amo y señor de la situación y la eterna amenaza de lucha entre facciones parece más real que nunca.
- En mi opinión, estas preguntas, dudas e inquietudes confirman más si cabe el interés de la historia económica para ayudarnos a comprender y a avanzar en el debate. La experiencia de los first movers nos ofrece algunas pistas de los factores que pueden contribuir a un desarrollo político y económico sostenible y efectivo. En los siglos XVIII y XIX los Estados Unidos, Inglaterra y Francia fueron los primeros países que culminaron esta transición a regímenes abiertos. ¿Cómo lo lograron? España ofrece en el siglo XX otro ejemplo más que interesante con su transición en los años 70. Por desgracia, España también nos muestra que tener elecciones democráticas no es, ni mucho menos, una condición suficiente para garantizar el éxito y la sostenibilidad del proceso de desarrollo. De ningún modo podemos concebir el cambio social como un proceso teleológico que desemboca necesariamente en la apertura política y económica: la II República española es un ejemplo dramático de cómo las viejas lógicas económicas pueden suponer un obstáculo insalvable para un nuevo orden.
No perdamos la esperanza, pero tomemos nota de todo esto cuando nos enfrentemos a los fascinantes cambios que están ocurriendo en los países árabes.