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Friday, March 15, 2013

1 milímetro

"Algunas veces, la distancia entre lo que consideramos éxito y fracaso es extremadamente fina. Sucede sobre todo en Champions o en Mundiales. Una jugada aislada, un corner, un resbalón, puede hacer la diferencia entre que el trabajo de años sea o no reconocido".
Santiago Solari

24 de Abril. Camp Nou. Ramires se escapa en una contra, culmina la jugada con una vaselina a Valdés que supone el 2-1 para el Chelsea y la clasficación momenténea para su equipo tras vencer 1-0 en la ida. El Barcelona ya no se recuperará jamás a pesar de jugar con un jugador más y de disfrutar de un penalti que Messi fallará en la segunda parte.


12 de Marzo. Camp Nou. Niang se escapa en una contra y al rematar la pelota es escupida por el poste. Hubiera sido el empate a uno y el Barcelona, tras caer 2-0 en la ida, hubiera necesitado marcar tres goles(al final lo logró) en lugar de dos más y la opción de lograr un 2-0 para al menos jugar la prórroga ya no hubiera sido posible.


Es imposible calcular el impacto sobre sobre al dinámica de remontada y optimismo que se respiraba en el Camp Nou si Niang hubiera acertado y si el balón hubiera ido 1mm más a la derecha haciendo que el rebote en el poste lo hubiera introducido en la portería del Barcelona. Puede que Messi, Xavi, Iniestay compañía hubieran sido igualmente capaces de llegar a los cuatro goles, pero también puede que se hubiera repetido el bloqueo, la pesadilla y la frustración del 24 de abril con Ramires y el Chelsea.

Edificamos alegrías, orgullo y narrativas épicas sobre hechos que tal vez dependan de 1mm, del azar de una jugada que podría revertir el estado anímico de 11 jugadores y 95000 gargantas en un estadio. Bello, frágil, aleatorio, caprichoso. Fútbol.

Wednesday, February 27, 2013

El Barça ha muerto. Visca el Barça!


"Cuando nos hemos extraviado, volvemos donde empieza el camino"
Cruyff

En The King's Two Bodies, Kantorowicz explica cómo durante la Edad Media se forjó la idea de los dos cuerpos o dimensiones del Rey: la corpórea y la política. La dimensión corpórea sufre, se corrompe, muere, desaparece... La política, en cambio, permanece. El rey "político" no acaba con la muerte (corpórea) del monarca sino que se perpetúa a través de un nuevo cuerpo que representa la idea política o institucional de monarquía y sus poderes en la Tierra. Esta dualidad en la figura del rey ayuda a entender la aparente paradoja del conocido "Le roi est mort. Vive le roi!". El rey (corpóreo) ha muerto. Viva el rey (político).

Ahora que en Barcelona suenan los apocalípticos tambores del fin de ciclo, el equipo debe aspirar a consolidar el aspecto más "político" del cruyffismo y del guardiolismo. Se puede y se debe admitir con naturalidad que Xavi empiece a estar lento, que Cesc no encuentre su sitio, que a Alexis le haya mirado la tuerta, que Valdés ya no sea feliz, que la duda Puyol o Mascherano sea más real que nunca o que los defectos de Alves empiecen a pesar más que sus virtudes. En otras palabras, se puede y se debe aceptar que el Barcelona más "corpóreo" sufra un inevitable proceso de corrupción y de desgaste. Pero lo que no se puede permitir es que el equipo pierda las señas de identidad que Cruyff trajo allá por los finales de los 80 y que Guardiola y Tito han grabado a fuego en los últimos cinco años: posesión, partidos convertidos en clases de geometría a uno o dos toques, solidaridad, ambición (casi ansia) por recuperar el balón... La travesía del desierto que los más agoreros ya vislumbran nunca puede arrojar la más mínima duda sobre esa idea del fútbol que representa el Barcelona y que transciende las contingencias y los actores de un momento concreto. Se puede acabar el círculo virtuoso y victorioso, pero no esa manera de jugar que representa una concepción del fútbol y del Barcelona que ya ha transcendido varias plantillas y entrenadores.

Tal vez entonces, si se insiste en perpetuar a ese Barça político, cuando se cumplan los presagios más negros sobre el equipo actual podremos exclamar sin ningún atisbo de angustia o decepción "¡El Barça ha muerto!, Visca el Barça!".

Thursday, April 28, 2011

El fúbol no tiene rendimientos decrecientes

Los artículos más leídos en la página web de El País el 28 de Abril a las 14:20 (hora de España). Incluso en tiempos de crisis, lo que va delante va delante.

PD: Mi lista hubiera sido exactamente igual, por cierto.

Sunday, August 22, 2010

Robinsonadas mundiales

"[Guardiola] se impuso como regla no ser más que una pieza del entramado"
David Trueba, "Guardiola, el hijo del 'paleta'"

Leo en el genial blog de Juanma Iturriaga una de las razones por las que Itu se alegra de la victoria de España en el Mundial: "Por lo del triunfo de los colectivos. Si algo ha entronizado el Mundial ha sido el poder del grupo por encima de todo y de todos. Cualquier equipo en donde haya primado una individualidad, ya sea en el banco o en el banquillo, ha terminado fracasando". Bingo. Retomo una idea que me rondaba desde hace tiempo la cabeza y os invito a observar el siguiente anuncio de Nike preparado para el Mundial de fútbol de Sudáfrica:

Las técnicas épico-divinizantes tan típicas en los anuncios de esta marca son una constante: imágenes a cámara lenta de jugadores volando (Ribéry en el minuto 0:56), luces mistificadoras, planos en contrapicado que realzan la figura del jugador (Ronaldo en el minuto 2:46), gestos de victoria y poder que evocan la figura de Cristo (Ribéry en el minuto 1:18) o, ya sin disimulo alguno, construcciones de grandilocuentes monumentos a la figura del jugador (CR7, cómo no) u ordenaciones de caballero de la corona británica (Rooney). Nada nuevo, por otra parte. El cine siempre ha sido un poderoso medio para realzar la figura de líderes y transmitir ideas no siempre amables. Nike desarrolla su propia visión del Mundial en la que el éxito se individualiza y se limita a la acción de una estrella. El equipo queda reducido a la acción espectacular -y presuntamente decisiva- de tal o cual buque insignia que por alguna metonimia deportivo-comercial superlativa encarna a todo el equipo y a toda la nación. Resulta gracioso que el único momento en que la selección española aparece en el anuncio de Nike sea en el minuto 1:36: Cesc, Piqué e Iniesta arrojan furiosos los periódicos hartos de la alabanza colectiva al "héroe Rooney". La elección de estos jugadores no es casual (los tres tienen contrato con Nike, claro), tampoco es raro que la selección española no aparezca representada (la viste Adidas) pero es revelador que, aunque sea de manera fugaz, el equipo español aparezca representada por más de un jugador. De manera insconsciente (o quizá no), Nike da por una vez en el clavo. Resulta que, al final, ganó un Equipo (con mayúsculas). España ganó jugando estupendamente a ratos y, sobre todo, presentando un mecanismo en el que todas las piezas se necesitaban mutuamente y no podían entenderse de manera aislada. El gol de Iniesta no se explica sin la asistencia de Cesc, que a su vez precisa de la conducción y distribución previa de Xavi quien, por su parte, puede recibir la pelota gracias a la recuperación de Piqué o Puyol. Puede que Puyol y Piqué tuviesen la pelota porque Casillas acababa de parar un penalty o de salvar un mano a mano contra un Robben cualquiera (nótese, por cierto, que la inmensa mayoría de acciones plasmadas en el anuncio son de corte ofensivo y que, como siempre, la figura del portero se ignora descaradamente). Frente a los CR7 o a las robinsonadas futbolísticas, España o el Barcelona de Guardiola representan un modelo totalmente distinto que se sólo se entiende a través del juego coral y solidario y en el que las estrellas lo son porque se sienten arropadas por un equipo. El contraste entre el Messi del Barcelona y el de Argentina es la prueba más definitiva que existe al respecto.
Puede que haya jugadores decisivos que, como suele decirse, "resuelven un partido por sí solos". Sin embargo, en ocasiones surgen equipos y chavales que se empeñan en demostrar que, al final, esto es un deporte de equipo en el que todas las piezas del engranaje son fundamentales. Puede que incluso marquen una época jugando como los ángeles y ganando una copa del mundo por primera vez en la historia del país. Me pregunto si Ribéry, Rooney y Cristiano Ronaldo arrojaron furiosos el periódico al ver las fotos de todo el equipo español celebrando la victoria.

Canción del día/Chanson du jour

Sunday, June 27, 2010

(Breve) Ensayo sobre la ceguera (futbolística)

A pesar de participar plenamente en la locura colectiva que cada cuatro o cinco días paraliza el país sobre las ocho y media de la tarde, no puedo resistirme a comentar dos de las cegueras más evidentes provocadas por el mundial de Sudáfrica y el fanatismo futbolero:

1. Las noticias dedican (aún) más tiempo y espacio al mundial y a todo lo que gira a su alrededor. Hay más bien poco más allá del fútbol. Como simple anécdota que sirva de ejemplo a este punto: el gobierno decidió aprobar la reforma del mercado laboral en España el mismo día en que la selección debutaba. Se sabía que era la manera más eficaz de anestesiar el debate y la difusión de las medidas.

2. Los medios de comunicación hacen gala de una fanfarronería y de un fanatismo que rozan lo insultante. España jugó muy mal contra Chile y hubo un vergonzoso pacto (¿tácito?) de no agresión durante los últimos 30 o 35 minutos para mantener el 2-1. El equipo jugó, literalmente, andando. Si Italia hubiera hecho algo parecido, les estaríamos criticando sin piedad durante los próximos cuatro años lamentando el insulto al espíritu del fúbol y a la profesionalidad. Creo que El País dedicó dos ridículas y superficiales líneas de una crónica muy extensa al "conformismo" del equipo. Las alabanzas y los hurras, en cambio, abundaron por doquier.

Me tendré que comprar El fútbol a sol y sombra para reconciliarme un poco con este mundo.

Canción del día/Chanson du jour:

Wednesday, May 19, 2010

¿Por qué soy culé?

Ya he dicho en alguna otra ocasión que la racionalización del fútbol no tiene demasiado sentido. Existe, sin embargo, un aspecto en el que se suele imponer un criterio "de sentido común" para guiar las pasiones y los instintos: la elección del equipo al que se apoya. En general, suele optarse por el equipo de la ciudad en la que se vive o, en su defecto, por el más cercano a nuestra ciudad. Si uno lo piensa con calma, no deja de ser una elección guiada por pasiones y razonamientos que tienen poco de racional y responden más bien a un espíritu gregario y de grupo que, por otra parte, caracteriza mucho de nuestros comportamientos y elecciones sociales.
¿Por qué, siendo de Gandia, elegí apoyar al Barcelona en lugar del Valencia? Desde siempre tuve unos recuerdos algo borrosos del momento en que adopté esa decisión. Creía recordar que en cierta ocasión -cuando tenía cinco o seis años- pregunté a mi padre cuáles eran los dos mejores equipos de España. Mi padre, madridista convencido por cierto, me respondió que el Madrid y el Barcelona. Según creía recordar, al poco de hacer esa pregunta había un partido entre esos dos colosos: Madrid y Barcelona. Pensándolo con calma, quizá ese partido fue el causante de mi pregunta a mi padre. No lo sé. Como buen economista nunca dejaré de ser víctima de dobles causalidades y endogeneidades varias. El caso es que mi cabecita ideó un plan tan sencillo como efectivo para elegir equipo: apoyaría al vencedor del partido. Así de simple y, en cierto modo, ventajista. Al cabo de unos días pregunté a mi padre el resultado. Según mis recuerdos, el Barcelona ganó 2-0. Ya tenía equipo. Mi plan aún fue más lejos y perfecto. Pregunté a mi padre quién había marcado el segundo gol. Julio Salinas. Ya tenía ídolo. Decididamente mis reglas de decisión eran extremadamente simples. Lo sorprendente fue mi capacidad para aceptarlas y actuar consecuentemente. Con el tiempo, me fui convirtiendo en un acérrimo y convencido culé. Confieso que mi idolatría por Julio Salinas fue menos duradera (aunque siempre he conservado un cariño especial por él) al revelarse como mucho menos adecuada o recomendable cuando gente como Laudrup o Guardiola juegan a su alrededor.
Esta historia era para mí un recuerdo lejano y no demasiado fundamentado. ¿Lo soñé?, ¿ocurrió así? Hace un año, justo antes de la final de Copa entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao en Valencia leí un artículo en El País titulado "El cruyffismo nació tal día como hoy en Mestalla". En el artículo se relataba como el Barcelona de 1990 se enfrentó al Madrid en la final de la Copa del Rey en una situación crítica. Sequía total de títulos, un recién llegado Johan Cruyff muy cuestionado y al borde del despido, un Madrid triunfante y declarado claro favorito para el partido... Ganó el Barça. 0-2. Goles de Amor y... Salinas. En 1990 yo tenía seis años. El artículo me describía, diecinueve años después, ese episodio que yo recordaba casi como un sueño y que determinó mis pasiones y gustos futbolísticos para el resto de mi vida. Ese partido supuso, además, el despegue del cruyffismo y de un estilo que me ha enamorado y que ha alcanzado su máxima expresión con el actual equipo de Guardiola.
Se me puede acusar de ventajista, traidor a la tierra que me vio nacer (por mucho que mi lealtad a una tierra en particular siempre esté un poco en entredicho), arbitrario y muchas otras cosas. Yo prefiero encogerme de hombros, seguir justificándome al empezar entradas de blogs diciendo que el fútbol es irracional y pensando que hay algo de poético en el hecho de que mi barcelonismo naciese justo a la vez que el cruyffismo cuando todo apuntaba a una victoria del Madrid. No puedo imaginar un estilo con el que me sienta más identificado aunque, como siempre, los economistas me vengan a aguar la fiesta con historias de preferencias adaptativas...

Friday, November 20, 2009

El porqué del futbolero

¿Que por qué me gusta el fútbol, me preguntan? Porque cuando uno está rodeado de racionalidad extrema, no hay nada más relajante que librarse al apoyo incondicional y altamente irracional de nuestro equipo. Porque cuando uno está sometido a las dudas y a las inconclusiones de los debates en ciencias sociales, no hay nada más reconfortante que entregarse plenamente al maniqueísmo bárbaro y despreocupado del "aquí tengo a los buenos [los míos] contra los malos [los otros]". Porque cuando uno vive en un mundo mesurado y educado no hay nada como las gesticulaciones toleradas en el fútbol tales que el grito liberador ante el gol o el gesto contrariado y excesivo a causa de la ocasión fallada. Porque cuando uno está harto de las muestras de egoísmo y de falta de cooperación con los que el mundo a veces nos ofusca, no hay nada más agradable que deleitarse con el despliegue de un equipo armonioso y solidario como el Barcelona. Porque en el desierto de la rutina cronometrada al milímetro, los 90 minutos de partido son un oasis de tiempo liberado. Porque hay cosas que no precisan una justificación o explicación racional. Porque sí, carajo.


Sunday, May 3, 2009

Fútbol

Aquél que intente explicar el fútbol en términos racionales fracasará estrepitosamente. El fútbol es un deporte sometido a la pasión y a la irracionalidad extremas. Las elecciones de los equipos a los que se apoya se basa en instintos primarios (el apego a lo más cercano a casa), interesados (el equipo más poderoso) o, simplemente, irracionales (porque sí). Mi caso, por ejemplo, es una mezcla de los dos últimos dado que apenas tenía seis años cuando elegí equipo. Ocurre que, sin embargo, en ocasiones sentimos una identificación total con algún aspecto de nuestro equipo. Olvidándonos de los aspectos más zafios del fútbol (que por desgracia son muchos) puede que nos sintamos reconfortados cuando vemos jugar a "nuestros" jugadores y hablar a "nuestro" entrenador. Al margen de dar rienda suelta al estrés y a las tensiones acumuladas durante la semana, puede que al ver un partido también veamos algo de nosotros proyectado en el juego que se despliega sobre el campo. ¿Autojustificación de mi traición a Valencia? Puede ser. Yo simplemente prefiero pensar que este Barça es tan delicioso y este Guardiola es tan honesto consigo mismo y con sus ideas que todo el mundo debe sentirse un poquito culé en estos momentos. Y me importa bien poco lo que pase durante las próximas semanas.



Canción del día/Chanson du jour