Sunday, August 22, 2010

Robinsonadas mundiales

"[Guardiola] se impuso como regla no ser más que una pieza del entramado"
David Trueba, "Guardiola, el hijo del 'paleta'"

Leo en el genial blog de Juanma Iturriaga una de las razones por las que Itu se alegra de la victoria de España en el Mundial: "Por lo del triunfo de los colectivos. Si algo ha entronizado el Mundial ha sido el poder del grupo por encima de todo y de todos. Cualquier equipo en donde haya primado una individualidad, ya sea en el banco o en el banquillo, ha terminado fracasando". Bingo. Retomo una idea que me rondaba desde hace tiempo la cabeza y os invito a observar el siguiente anuncio de Nike preparado para el Mundial de fútbol de Sudáfrica:

Las técnicas épico-divinizantes tan típicas en los anuncios de esta marca son una constante: imágenes a cámara lenta de jugadores volando (Ribéry en el minuto 0:56), luces mistificadoras, planos en contrapicado que realzan la figura del jugador (Ronaldo en el minuto 2:46), gestos de victoria y poder que evocan la figura de Cristo (Ribéry en el minuto 1:18) o, ya sin disimulo alguno, construcciones de grandilocuentes monumentos a la figura del jugador (CR7, cómo no) u ordenaciones de caballero de la corona británica (Rooney). Nada nuevo, por otra parte. El cine siempre ha sido un poderoso medio para realzar la figura de líderes y transmitir ideas no siempre amables. Nike desarrolla su propia visión del Mundial en la que el éxito se individualiza y se limita a la acción de una estrella. El equipo queda reducido a la acción espectacular -y presuntamente decisiva- de tal o cual buque insignia que por alguna metonimia deportivo-comercial superlativa encarna a todo el equipo y a toda la nación. Resulta gracioso que el único momento en que la selección española aparece en el anuncio de Nike sea en el minuto 1:36: Cesc, Piqué e Iniesta arrojan furiosos los periódicos hartos de la alabanza colectiva al "héroe Rooney". La elección de estos jugadores no es casual (los tres tienen contrato con Nike, claro), tampoco es raro que la selección española no aparezca representada (la viste Adidas) pero es revelador que, aunque sea de manera fugaz, el equipo español aparezca representada por más de un jugador. De manera insconsciente (o quizá no), Nike da por una vez en el clavo. Resulta que, al final, ganó un Equipo (con mayúsculas). España ganó jugando estupendamente a ratos y, sobre todo, presentando un mecanismo en el que todas las piezas se necesitaban mutuamente y no podían entenderse de manera aislada. El gol de Iniesta no se explica sin la asistencia de Cesc, que a su vez precisa de la conducción y distribución previa de Xavi quien, por su parte, puede recibir la pelota gracias a la recuperación de Piqué o Puyol. Puede que Puyol y Piqué tuviesen la pelota porque Casillas acababa de parar un penalty o de salvar un mano a mano contra un Robben cualquiera (nótese, por cierto, que la inmensa mayoría de acciones plasmadas en el anuncio son de corte ofensivo y que, como siempre, la figura del portero se ignora descaradamente). Frente a los CR7 o a las robinsonadas futbolísticas, España o el Barcelona de Guardiola representan un modelo totalmente distinto que se sólo se entiende a través del juego coral y solidario y en el que las estrellas lo son porque se sienten arropadas por un equipo. El contraste entre el Messi del Barcelona y el de Argentina es la prueba más definitiva que existe al respecto.
Puede que haya jugadores decisivos que, como suele decirse, "resuelven un partido por sí solos". Sin embargo, en ocasiones surgen equipos y chavales que se empeñan en demostrar que, al final, esto es un deporte de equipo en el que todas las piezas del engranaje son fundamentales. Puede que incluso marquen una época jugando como los ángeles y ganando una copa del mundo por primera vez en la historia del país. Me pregunto si Ribéry, Rooney y Cristiano Ronaldo arrojaron furiosos el periódico al ver las fotos de todo el equipo español celebrando la victoria.

Canción del día/Chanson du jour

3 comments:

Hank Quinlan said...

Totalmente de acuerdo. Pero no puedo evitar añadir algo. Lo mejor de San Pep y San Vicente es que además de representar una visión colectiva y no individual del fútbol, tienen un compromiso con una cierta visión poética del fútbol y la vida.

El Barça/España apuesta siempre por el juego ofensivo, total e intenso, basado en la construcción. Si les dejan jugar ganan por 4 (o aburren a rivales honestos como Alemania); si a base de patadas o de juego no les dejan, lo siguen intentando, sin amarrar el resultado.

Esto es, los partidos (sean finales o no) se juegan, se ganen o no. Me parece una lección tremenda. Todo esto viene a cuento de que no basta con jugar colectivamente. A lo mejor, no lo sé, los equipos de Capello o Mourinho también juegan colectivamente. pero no es lo mismo.

Alvagó said...

Amén. Suscribo palabra por palabra el matiz.

Mia Wallace said...

Te (os) veo futboleros. Amén a los comentarios.
Ahora tocará cambiar al baloncesto y empezar a mirar a Turquía.