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Monday, June 4, 2012

Schumpeter en España

Para Joseph Schumpeter (1883-1950), el emprendedor es el motor del capitalismo. En su incesante búsqueda de nuevos productos, formas de organización, producción o diseño, el emprendedor genera un proceso de destrucción creativa en el que las viejas industrias o productos desaparecen para ceder su lugar a las innovaciones.

La realidad a veces es algo más vulgar que el elegante modelo schumpeteriano. En la España empobrecida y ahogada por las primas insoportables, los gobiernos incompetentes y los bancos canallas, el mercado se reestructura cerrando negocios y haciendo florecer o redescubriendo aquellas empresas que la coyuntura propicia. Las ciudades españolas rápidamente se han visto inundadas por tiendas y panfletos que anuncian a bombo y platillo "Compro oro".

Saturday, June 2, 2012

Más perspectivas

El siguiente gráfico, tomado de la última entrada del blog de Fatás-Mihov, muestra la evolución del PIB real (o sea, descontando el efecto de la variación de precios) en las economías española e inglesa desde el primer trimestre de 2008 tomando este trimestre como referencia (PIB en enero-marzo 2008 = 100)


El gráfico nos dice que en el primer trimestre de 2012 la riqueza de España se ha reducido en algo más de un 4% con respecto a 2008. Miremos ahora la evolución del PIB real de los Estados Unidos entre 1929 y 1933.

El PIB real estadounidense pasó de más de 800.000 millones de dólares en 1929 a unos 600.000 millones en 1933-34. Más de un 25% de la riqueza del país se evaporó en esos cuatro años.

El desempleo en los Estados Unidos durante la Gran Depresión alcanzó cotas similares a las españolas hoy en día, pero los anteriores datos desmienten que estemos frente a la peor crisis de la historia y mucho menos que nos estemos enfrentando a una crisis sin precedentes. El problema, claro está, es que esto sirve de poco consuelo para los que sufren una disminución de su riqueza o bienestar mucho mayor de lo que el grosero PIB real puede mostrar y que algunos aprovechen la coyuntura para minar los avances que se consolidaron tras la dura lección del 29.

Actualización: Krugman señala paralelos menos esperanzadores entre los 30 y nuestra crisis. 
Canción del día / Chanson du jour

Friday, June 1, 2012

Silver linings

El gráfico demuestra la brutalidad de la crisis del 29. Estados Unidos llegó a perder un 50% de su PIB nominal. A pesar de ello, al cabo de unos años el crecimiento se reanudó y del miedo y de los errores de la crisis surgió un paquete de medidas que a pesar de su caótico y a menudo contradictorio diseño influyó decisivamente el futuro político y económico de occidente. Fue el New Deal. Se me reprochará con justicia que en estos momentos la visión a medio-largo plazo del historiador económico es de poco consuelo para la gente que ve recortada la ayuda a la dependencia, a las que eliminan las becas que sostienen sus estudios, a las que recortan sus derechos laborales o les dinamitan sus ahorros de toda una vida... Pero en un periodo tan negro y tan necesitado de buenas noticias, me parece necesario lanzar un grito de esperanza para mostrar que la aparición de actores que nos ayuden a levantarnos y aplicar las lecciones de los cataclismos del pasado no está reñido con la experiencia histórica.

PD: Desde luego luego habrá quien añada, con parte de razón. que every silver lining has its cloud too...

Wednesday, August 25, 2010

Carlos Taibo y el decrecimiento

La econometría y la economía cuantitativa son herramientas y metodologías tremendamente útiles y válidas cuando se tienen las ideas adecuadas en mente y se sabe lo que se quiere contrastar, medir, maximizar o modelar. El problema viene cuando uno tiene la sospecha de estar preocupándose por ajustar al milímetro el retrovisor mientras el coche se dirige a 200 km/h contra un muro.
La ventaja de estar rodeado de gente tremendamente inteligente, estimulante y culta es que es complicado no acabar por hacerse muchas preguntas sobre lo que nos rodea. Pablo, una de estas personas (y uno de los que más aprecio y admiro) me regaló hace poco el último libro de Carlos Taibo: Su crisis y la nuestra.
El libro no lleva a engaño al lector dado que el subtítulo es toda una declaración de intenciones: "Un panfleto sobre decrecimiento, tragedias y farsas". En efecto, el librito adopta un tono orgullosamente panfletario que sirve para presentar ideas generales de manera muy clara pero que no evitará la denuncia por parte del escéptico o del intelectual riguroso y deseoso de respuestas a preguntas y ambigüedades para las que esta obra no pretende aportar una respuesta. Volveremos a ello en varias ocasiones.
Taibo considera que la crisis actual tiene una triple dimensión: cambio climático, agotamiento de las energías tradicionales y expolio de los recursos materiales y humanos de los países pobres. A la hora de exponer los problemas y abordar las soluciones Carlos Taibo se erige en uno de los principales (¿primeros?) portavoces del decrecimiento en España. Grosso modo (muy grosso modo), el decrecimiento plantea la necesidad de desarrollar un modo de vida menos consumista y materialista que resulte en una disminución de la huella ecológica occidental y que promueva un nuevo tipo de sociedad en la que los valores post-materiales y relacionales tengan más oportunidades de desarrollo y adopten un rol más importante. Todo ello lleva, por supuesto, a cuestionar radicalmente la idea de crecimiento económico tal y como es entendido comúnmente. La idea es ciertamente controvertida y necesita mucho debate y reflexión para evitar caer en ataques caricaturescos. Difamar y ridiculizar resulta en ocasiones demasiado fácil. Lo trágico de la descalificación y la burla a la ligera es que se impide el desarrollo de un debate sereno e informado. En este sentido, se agradece el esfuerzo de Taibo por puntualizar algunos malentendidos que suelen generarse en torno al decrecimiento: la idea no niega la mejora material a los países en vías de desarrollo ni tampoco a los pobres de los países desarrollados. Estas puntualizaciones son más que bienvenidas porque, hasta la fecha, apenas había encontrado libros serios sobre el tema en español (me familiaricé con la idea del decrecimiento durante mi estancia en Francia, país en el la idea ya goza de una cierta tradición y tiene figuras con cierta reputación como el economista y filósofo Serge Latouche). En España sólo tenía constancia de la traducción de una obra colectiva francesa titulado Objetivo decrecimiento. Afortunadamente, la lectura del libro de Taibo me ha permitido descubrir que el autor también ha publicado hace poco una obra titulada En defensa del decrecimiento. Parece, pues que, aunque sea lentamente, la idea empieza a disponer de cierta difusión en nuestro país.
¿Qué pretende Taibo con su obra? Si la disyuntiva de Castoriadis hace algunas décadas era "socialismo o barbarie", Carlos Taibo bien podría gritar hoy en día "decrecimiento o barbarie". En efecto, tal y como avanzaron Ival Illich o André Gorz en su momento, nuestras opciones bien podrían ser la de una ecodemocracia elegida o un ecofascismo forzado por la deriva de nuestras sociedades occidentales. El problema, claro, viene a la hora de definir los conceptos y establecer el programa y las medidas que nos lleven al decrecimiento. Los partidos de izquierdas españoles mayoritarios son descartados por Taibo como posibles abanderados del proyecto. PSOE e IU son presentados como portadores, en el "mejor" de los casos, de un proyecto socialdemocráta incapaz de integrar el imperativo ecológico y político decrecimentalista (caso de IU) o, simplemente, de haber abandonado sus pretendidas raíces socialdemócratas al aceptar la lógica de la nebulosa ideología neoliberal (caso del PSOE). Los nacionalismos periféricos (ERC o BNG) no salen mejor parados. En el caso de los sindicatos mayoritarios el panorama tampoco es halagüeño según Taibo. La dependencia de la financiación pública y su conversión en megaestructuras burocráticas dedicadas a velar por los intereses de los trabajadores afiliados y más estables (y marginando a aquellos en situación más precaria) llevan al politólogo a descartarlos como eventuales agentes del cambio. Así las cosas, el proyecto decrecimentalista defendido en el libro se caracteriza por congeniar con el ideario libertario y por ser netamente anticapitalista, autogestionario y antipatriarcal. Su desarrollo se confia a lo que Taibo llama "la izquierda social". Ésta se define como "toda aquella izquierda que, desde el arraigo del trabajo de base, no asume la forma de partidos y no compla la concurrencia a elecciones". El propio autor reconoce lo ecléctico de esta categoría. En ella se cuentan asociaciones de vecinos y movimientos ecologistas, grupos feministas y pacifistas, cristianos de base, sindicatos alternativos, organizaciones de autoconsumo, centros sociales okupados... Repitamos lo dicho anteriormente: el escéptico o el lector interesado en detalles sobre la praxis autogestionaria y la propiedad pública socializada, no encontrará en este libro respuestas a la mayoría de preguntas -tanto teóricas como prácticas- que a buen seguro le asaltarán. Este punto es particularmente importante porque los defensores de la autogestión o de las microsociedades decrecentistas deben hacer frente a una poderosa literatura económica que apuesta abiertamente por las virtudes del libre comercio o, más importante aún, a una evidencia histórica que identifica la apertura comercial como un factor necesario (si bien no suficiente) para la prosperidad de las regiones o a estimulantes y eruditos ensayos que presentan una interacción fundamental entre apertura comercial y estabilidad del sistema político democrático que asegura la supervivencia de ambos. Tema increíblemente vasto y complejo que abruma sólo de pensarlo. Pasaré página dejando al lector con la miel en los labios pero también con algunas armas sugeridas en los enlaces anteriores para, si así se desea, empezar a abrirse paso en una jungla intelectual tan densa como rica y extensa.
También resulta interesante la crítica a los partidos políticos de izquierdas. Taibo usa a menudo el despectivo "fuerzas 'atrapalotodo'" para denunciar la deriva del PSOE o del BNG en su pérdida de identidad para aglutinar el máximo apoyo electoral. La situación remite inevitablemente a la teoría económica de la democracia de Anthony Downs por la que los partidos políticos en democracia tienen poderosos incentivos a situarse en el centro del espectro político para aglutinar el máximo apoyo posible por parte de los votantes. ¿Quiere esto decir que las infalibles fuerzas downsianas incapacitan a nuestras democracias representativas para desarrollar el proyecto presentado por el autor? Los proyectos autogestionarios o decrecimentalistas suelen expresar simpatías por "microsociedades", la minimización del centralismo político y la potenciación de la democracia directa. Aunque no faltan voces que se aventuran a señalar un resurgimiento de la democracia directa en nuestras sociedades, la cuestión parece cuanto menos abierta a muchos interrogantes tanto teóricos como prácticos. Taibo tampoco da pistas del modelo político que tiene en mente. De nuevo nos chocamos con los límites del panfleto.
Mi situación personal me exige una cierta contención a la hora de dispersarme demasiado en lo que a temas, preguntas y polémicas académicas se refiere. Durante los próximos tres años debo pagar el peaje de la tesis y de la especialización en Historia Económica porque yo mismo he elegido la autopista de Maryland. Al lector que tenga un poco más de tiempo y voluntad de replantearse ciertas cuestiones sobre nuestro rumbo -aunque sea para desmontar punto por punto el ideario "decrecentista"- el libro de Taibo no le será indiferente. Se le podrá acusar de muchas cosas, pero el bueno de Taibo habla muy claro y, desde mi punto de vista, lo hace de manera muy honesta y poniendo asuntos inmensamente serios encima de la mesa.