"La línea de separación entre los campesinos revolucionarios
y los conservadores no hay que buscarla en el nivel de vida
de unos y otros, sino en la ilusión de independencia que
proporciona la propiedad de la tierra"
A. Malefakis, Reforma agraria y revolución campesina en la España del siglo XX
"El que no quiera trabajar, que se quede sin comer"
Carta de San Pablo a los Tesalonicenses
A la hora de enfrentarse al nuevo medio salvaje e inhóspito que les acogió en Virginia primero y Nueva Inglaterra después, los colonos tuvieron que sentar las bases del sistema político y económico por el que se regirían. Un desafío apasionante y una historia de desarrollo en toda regla sin lugar a dudas.
Los colonos de Nueva Inglaterra, imbuidos de un espíritu igualitario cuyos orígenes se remonta a la Grecia clásica instauraron inicialmente un sistema plenamente igualitario y comunitario: tanto la tierra como lo obtenido de ella eran repartidos de manera igualitaria entre los colonos. Todo el mundo tenía derecho a la misma porción de tierra y todo el mundo tenía derecho a la misma fracción del total producido por la comunidad. En 1623 el gobernador Bradford estaba desbordado por las quejas: la producción era baja y la gente tenía demasiadas dificultades para obtener el mínimo de subsistencia. Dado que estos hechos ocurrieron hace cuatro siglos, los hechos que relatamos están rodeados de una cierta oscuridad y falta de precisión en sus detalles, pero el economista rápidamente encuentra una explicación plausible a los problemas de los colonos de Nueva Inglaterra: ¿por qué -se preguntaría algún colono- debo trabajar duro si al final voy a tener derecho a la misma cantidad de producto que mis compañeros? Si esto solo pasa por la cabeza de un colono, las consecuencias del bajo esfuerzo no son graves. Si, como es probable que ocurra, todo el mundo acaba llegando a la misma conclusión, el resultado es un bajo esfuerzo generalizado y la catastrófica producción que Bradford se encontró en 1623.
El gobernador decidió reformar el sistema de trabajo de la tierra: los colonos seguían teniendo derecho a una parcela igual de la tierra, pero el producto que obtenían -menos los impuestos que debían ser pagados a la colonia- pertenecía a la familia que trabajaba la tierra. El aumento de la producción agrícola parece que fue sustancial y aplacó las quejas.
Una de las lecciones más importantes de este episodio no es en absoluto sorprendente para el economista: la gente responde a los incentivos. Lejos de ser una perogrullada, esta constatación ilustrada por el ejemplo americano sirve para demostrar cómo las teorías de la justicia deben de tener en cuenta los incentivos de las instituciones que consideran justas. Apelar a la conversión de las almas o confiar en una regeneración que elimine el egoísmo o el comportamiento interesado en nuestro mundo no es suficiente.
Lo que me parece bastante más desafortunada es la glosa que Hughes y Cain hacen a este episodio en su manual de historia económica americana. En una nota al pie de página se nos dice:
"Rawls would disapprove of the Pilgrim's solution; Nozick would approve of it".El fracaso de los peregrinos al establecer un igualitarismo naif en la propiedad de la tierra y la distribución de su producto no supone en absoluto un revés para el liberalismo igualitario de Rawls porque el filósofo inglés era perfectamente consciente de la importancia de los incentivos. Rawls considera que una institución es justa cuando asegura un mismo nivel de libertades y de protección de derechos para todos y, al mismo tiempo, promueve la igualdad de oportunidades y la maximización del bienestar de los más desfavorecidos en la sociedad. El reparto igualitario inicialmente fijado por los peregrinos resultó en un bajo producto que seguramente daba menos a los peor situados en la sociedad que el reparto igualitario de la tierra con apropiación privada del producto. Rawls aprobaría gustosamente la reforma de Bradford. Además, si nos abstraemos de posibles diferencias en la habilidad y condición física de los peregrinos, el reparto igualitario de la tierra ya tiene un potente componente igualitario en asegurar una igualdad de oportunidades a los primeros integrantes de las colonias norteamericanas. En este sentido, no puedo resistirme a transcribir las palabras de Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos y presidente entre 1800 y 1808, en una carta dirigida a James Madison:
"Whenever there are in any country uncultivated lands and unemployed poor, it is clear that the laws of property have been so far extended as to violate natural right. The earth is given as a common stock for man to labor and live on. If for the encouragement of industry we allow it to be appropriated, we must take care that other employment be provided to those excluded from the appropriation. If we do not, the fundamental right to labor the earth returns to the unemployed. It is too soon yet in our country to say that every man who cannot find employment, but who can find uncultivated land, shall be at liberty to cultivate it, paying a moderate rent. But it is not too soon to provide by every possible means that as few as possible shall be without a little portion of land. The small landholders are the most precious part of a state".Para aquellos que quieren ver en la historia de los Estados Unidos y de sus protagonistas un imperio y desarrollo constantes de las ideas libertarias à la Nozick (o à la Rothbard), este pasaje demuestra que Jefferson -enemigo número 1 de un gobierno central demasiado fuerte, hay que decirlo- defendía unos postulados muy similares a los de Thomas Paine y a los left-libertarians de Hillel Steiner hoy en día.
El ejemplo de Rawls, por otra parte, nos brinda una lección final: ser consciente de la importancia de los incentivos y de los comportamientos potencialmente egoístas o interesados no es un obstáculo para desarrollar una teoría de la justicia igualitaria y progresista. Es la condición necesaria para aumentar su coherencia y hacerla más robusta.
