Saturday, March 5, 2011

(Mis) Razones para ser vegetariano

"This was the time when, especially in the south of Spain, naturism and vegetarianism were making many conquests in Anarchist circles. They were believed to have marvellous powers for transforming human beings and preparing them for the ineffable acracia which, after a few centuries of effort, would arise upon the earth."
G. Brenan, The Spanish Labyrinth


En La Pensée Écologiste, la entrada "Végétarisme" nos dice lo siguiente:
"Le végétarisme contemporain se fonde sur quatre types de motifs. Le premier est d'ordre puremet diététique. (...).
Le second type de motif est d'ordre réligieux (...). Le troisième type de raison est d'ordre humanitaire: la production d'un kilo de protéines animales exige en effet la consommation de plusieurs kilos de protéines végetales. Le quatrième type de motif s'inscrit dans le mouvement d'émancipation des animaux (...)".
La posición del vegetariano a menudo despierta curiosidad y en países con una cultura gastronómica tan carnívora como España y Francia,no deja de suscitar un cierto sentimiento de excentridad con respecto al que la practica. ¿Por qué alguien decidiría dejar de comer carne, pescado o todo aquello que, en definitiva, tenga un sistema nervioso central? El pasaje de De Roose y Van Parijs que cito arriba me parece útil para presentar dos de las razones que me parecen más interesantes a la hora de explicar esta decisión. Intentaré argumentar que la posición calificada de "humanitaria" es más consistente y defendible si se enfoca desde una perspectiva "medioambiental". Por desgracia, creo que incluso esta versión "medioambiental" o ecologista no es lo suficientemente consistente como para justificar un vegetarianismo estricto. Por ello, explicaré por qué creo que la razón más poderosa (la que a la postre me convenció) para defender a los vegetarianos es el motivo ético relacionado con la emancipación de los animales (aunque mi argumento no será exactamente "emancipatorio").
De Roose y Van Parijs defienden un motivo "humanista" según el cual, dado que "la producción de un kilo de proteínas animales exige de hecho el consumo de varios kilos de proteínas vegetales", un mundo más vegetariano posibilitaría una alimentación adecuada para toda la humanidad. Lo cierto es que el problema actual radica más en la distribución que en el nivel de producción . Creo sin embargo que el argumento humanista puede reformularse sin demasiado esfuerzo (ni pérdida de su esencia) para fundamentar un vegetarianismo basado en un razonamiento ecológico. Por ejemplo, el informe 2006-2008 de Agrimonde nos señala que en California hace falta 100 litros de agua para cultivar 1 kilo de patatas mientras que 1 kilo de ternera necesita.... ¡13000 litros! En el caso del pollo y del cerdo hacen falta 4100 litros y 4600 litros respectivamente, lo cual tampoco es nada despreciable... Además de esto, el mayor consumo de vegetales por kilo de carne provoca serios problemas de deforestación y pérdida de diversidad ligadas al monocultivo en países como Brasil. Este relación entre ganado y problemas medioambientales se conoce como la "hamburger connection". Por si esto fuera poco, el informe de Agrimonde estima que la crianza de animales a nivel mundial es responsable del 18% de los gases de efecto invernadero de origen humano. Es fácil, pues, comprender que algunas personas expliquen su renuncia a la carne o al pescado por motivos ecológicos. Yo mismo empecé a plantearme la seriedad de la opción vegetariana tras ser expuesto a este tipo de argumentos y no puedo evitar una gran simpatía por este razonamiento. Sin embargo, me parece que la opción puramente ecologista adolece de dos limitaciones fatales para justificar la eliminación total de carne y pescado en nuestra dieta. En primer lugar, si el objetivo es lograr un consumo ecológicamente sostenible, posiblemente la solución no pase por una eliminación total del consumo de animales sino por una disminución de su consumo y la elección de alternativas más ecológicas. La eliminación total del consumo de carne o pescado no es una conclusión que se derive automáticamente de la preocupación ecológica. Podría argumentarse que eliminar totalmente el consumo de carne o pescado es necesario porque otros no estarán dispuestos a adoptar el consumo sostenible y es necesario lograr que en media el consumo per cápita se sitúe en un nivel ecológicamente sostenible. Creo que esta actitud tiene el riesgo de desembocar en un mesianismo estéril que además evolucione hacia un sentimiento de profunda frustración e impotencia ante las orgías carnívoras que uno puede encontrar a su alrededor. Y si no, vean:

La razón que más me ha convencido para sustentar mi vegetarianismo es la que se basa en argumentos éticos. Básicamente podríamos resumirla en una pregunta tan simple como poderosa (al menos desde mi punto de vista): ¿por qué consumir carne o pescado si es posible llevar una dieta sana y equilibrada sin generar sufrimiento a ningún animal? Esta postura tiene ilustres partidarios entre los utilitaristas e incluso entre los libertarios. Creo que la pregunta nos obliga a enfrentar un supuesto placer gastronómico con el valor que asignamos al dolor y al sufrimiento de otros seres. El hecho de que dos de los textos que más me han convencido sobre este tema provengan de dos corrientes filosóficas cuyas tesis centrales no me convencen demasiado, no deja de resultarme tan motivador como divertido... o incluso inquietante, por cierto. En todo caso, creo que esta pregunta ética sí que lleva lógicamente a adoptar una dieta vegetariana y además encuentra un interesante apoyo que la refuerza en las tesis ecológicas que hemos comentado anteriormente.
Me parece importante acabar la entrada con algunas notas de prudencia o de apertura. No creo en absoluto que mi postura esté libre de críticas o que la pregunta que planteo tenga el vegetarianismo como única respuesta. Este blog ya ha disfrutado en algún otro momento de magníficas intervenciones que demuestran lo complejo de este debate y de las distintas tesis que existen sobre los derechos de los animales. Simplemente creo que, a día de hoy y dado lo que he podido leer, escuchar y reflexionar, el vegetarianismo es la respuesta más coherente y honesta. Reconozco que la opción del veganismo me plantea algunas dudas e incógnitas para las que aún no tengo unas respuestas demasiado claras. Tampoco reclamo ningún status de supremacía o coherencia moral frente a los demás (en ocasiones se me ha reprochado que los vegetarianos miramos al "resto de los mortales" por encima del hombro (¿?)): mis zapatos son de cuero y mi diabetes o mis convenciones sociales me lleva a comer carne o pescado en muchas de mis reuniones fuera de casa. Soy perfectamente consciente de mis limitaciones e incoherencias y no pretendo ocultarlas. Creo, sin embargo, que lo importante es intentar dirigir nuestras acciones hacia un ideal de justicia reflexionado y abierto a un diálogo y a una evolución constante tras el debate con los demás. Más que un flagelo moral, mis contradicciones son un acicate para intentar modificar y adaptar mi modo de vida a lo que creo que es más justo o defendible.

Canción del día / Chanson du jour


Monday, February 21, 2011

Revolución, desarrollo y cambio institucional: el caso de los países árabes

Las revueltas en países árabes han despertado un cierto sentimiento de optimismo y esperanza entre la opinión pública occidental. El sentir general es que podríamos asistir a la instauración de regímenes más democráticos en varios países de África. Túnez y Egipto son, claro está, los ejemplos más claros de esto. Algunos también se preguntan por la posibilidad de que el movimiento se extienda a otros países. Sin ánimo de ser demasiado aguafiestas, las revoluciones populares que hemos vivido en los últimos días me llevan más bien a adoptar una actitud sumamente prudente al redescubrirme lo lejos que estamos de comprender los mecanismos que aseguran la estabilidad de la democracia y garantizan un cambio institucional sostenible y creíble.
Una de las características de los países en vías de desarrollo es el papel que las élites juegan a la hora de garantizar un orden que contenga las tensiones y la tendencia a una explosión de violencia entre facciones o grupos de interés. Esto no es algo característico de los países pobres: Max Weber ya nos mostró el rol que el Estado tiene a la hora de monopolizar la violencia legítima y, desde una óptica más general, los distintos órdenes sociales a lo largo de la historia pueden verse como distintos intentos de controlar la amenaza de violencia que subyace en todas las sociedades. Al fin y al cabo, sólo después de lograr un "equilibrio pacífico" la sociedad puede preocuparse de producir, establecer relaciones comerciales o desarrollar las organizaciones que darán forma a las instituciones políticas y económicas. África es un ejemplo magnífico de cómo una primera respuesta para controlar la violencia pasa por un sistema de privilegio económico y político que beneficia a los grupos con mayor poder militar. Estos privilegios llevan a la creación de unas rentas económicas y políticas que, a pesar de su ineficiencia, previenen la explosión de violencia al "comprar" la lealtad de las élites: éstas prefieren gozar de los privilegios obtenidos en lugar de enzarzarse en luchas y guerras civiles (o no...). Una vez más, cabe recordar que esta lógica no es exclusiva de los países pobres contemporáneos: la Europa de antes de 1800 responde a esta misma lógica y sólo a partir de 1800 podemos encontrar algunos países que empiezan a gozar de lo que actualmente conocemos como un sistema económico y político desarrollado (en otras palabras: democracia, libertad económica y Estado del bienestar).
El desafío consiste en entender los mecanismos que permiten pasar de la lógica de privilegio (o acceso limitado) a otro orden en el que democracia y libertad económica mantienen el equilibrio virtuoso en el que algunos países nos encontramos.
Esto lleva a varias conclusiones y preguntas que dejo deliberadamente abiertas porque no tengo una respuesta clara aunque espero estar avanzando modestamente con el tipo de clases, profesores e investigación que Maryland me brinda:
- Necesitamos una teoría del cambio institucional que seguramente necesitará integrar el rol de la ideología y de las creencias así como una teoría de las organizaciones que vaya más allá de los clásicos en la disciplina. Ya se han dado pasos en este sentido pero la formidable complejidad del tema exige tiempo para que el lento pero implacable proceso de acumulación y avance marginal del conocimiento nos dé progresivamente resultados algo más estructurados.
- Para comprender el proceso de desarrollo, debemos entender las interacciones entre política y economía. Tanto los órdenes de acceso limitado como los órdenes sociales abiertos de los países desarrollados se caracterizan por una interacción entre la esfera económica y política que mantienen el equilibrio en el que se encuentra la sociedad. Mi escepticismo (o preocupación) sobre las perspectivas de Túnez o Egipto se debe a la poca atención que se presta a la realidad económica de estos países: no basta con garantizar elecciones abiertas y democráticas. ¿Seguirán en pie los privilegios económicos que benefician a una pequeña (aunque poderosa) parte de la población?, ¿quién asegura la credibilidad del nuevo gobierno? De momento sólo parece haber un inquietante vacío de poder en el que el ejército es amo y señor de la situación y la eterna amenaza de lucha entre facciones parece más real que nunca.
- En mi opinión, estas preguntas, dudas e inquietudes confirman más si cabe el interés de la historia económica para ayudarnos a comprender y a avanzar en el debate. La experiencia de los first movers nos ofrece algunas pistas de los factores que pueden contribuir a un desarrollo político y económico sostenible y efectivo. En los siglos XVIII y XIX los Estados Unidos, Inglaterra y Francia fueron los primeros países que culminaron esta transición a regímenes abiertos. ¿Cómo lo lograron? España ofrece en el siglo XX otro ejemplo más que interesante con su transición en los años 70. Por desgracia, España también nos muestra que tener elecciones democráticas no es, ni mucho menos, una condición suficiente para garantizar el éxito y la sostenibilidad del proceso de desarrollo. De ningún modo podemos concebir el cambio social como un proceso teleológico que desemboca necesariamente en la apertura política y económica: la II República española es un ejemplo dramático de cómo las viejas lógicas económicas pueden suponer un obstáculo insalvable para un nuevo orden.
No perdamos la esperanza, pero tomemos nota de todo esto cuando nos enfrentemos a los fascinantes cambios que están ocurriendo en los países árabes.

Monday, February 14, 2011

Visitas

Visitas que llenan la casa, pasean por Washington DC, ríen de todo y de todos, diseccionan el lenguaje, motivan cenas hispanoamericanas, descubren el Nuevo Mundo, practican la traumatoterapia, se pierden en la Gran Manzana, debaten sobre lo divino y lo humano, se burlan de nuestros pudores, se pierden en librerías, recomiendan mil y una series y películas, se estremecen ante el poder de la propaganda, profundizan en el vicio del comprador compulsivo de libros, tararean estribillos inolvidables, se pierden en la jungla de asfalto, sufren los rigores del invierno washingtoniano, sobreviven a noches sin electricidad, hacen resonar los acentos de la terreta, nos hablan con la melodía de los aceituneros altivos, nos refrescan con la entrañabilidad de toda la vida... Grandes visitas.

Canción del día / Chanson du jour
Nacho Vegas & Manel_Con un beso me bastó by Topete

Wednesday, February 9, 2011

Interlude

"In this world, there are two times. There is mechanical time and there is body time. The first is as rigid and metallic as a massive pendulum of iron that swings back and forth, back and forth, back and forth. the second squirms and wriggles like a bluefish in a bay. The first is unyielding, predetermined. The second makes up its mind as it goes along.

Many are convinced that mechanical time does not exist. When they pass the giant clock on the Kramgasse they go not see it; nor do they hear its chimes while sending packages on Postgasse or strolling between flowers in the Rosengarten. They wear watches on their wrists, but only as ornaments or as courtesies to those who would give timepieces as gifts. They do not keep clocks in their houses. Instead, they listen to their heartbeats. They feel the rhythms of their moods and desires. Such people eat when they are hungry, go to their jobs at the millinery or the chemist''s when they wake from their sleep, make love all hours of the day. Such people laugh at the thought of mechanical time. They know that time moves in fits and starts. They know that time struggles forward with a weight on its back when they are rushing an injured child to the hospital or bearing the gaze of a neighbor wronged. And they know too that time darts across the field of vision when they are eating well withfriends or receiving praise or lying in the arms of a secret lover.

Then there are those who think their bodies don''t exist. They live by mechanical time. They rise at seven o''clock in the morning. They eat their lunch at noon and their supper at six. They arrive at their appointments on time, precisely by the clock. They make love between eight and ten at night. They work forty hours a week, read the Sunday paper on Sunday, play chess on Tuesday nights. When their stomach growls, they look at their watch to see if it is time to eat. When they begin to lose themselves in a concert, they look at the clock above the stage to see when it will be time to go home. They know that the body is not a thing of wild magic, but a collection of chemicals, tissues, and nerve impulses. Thoughts are no more than electrical surges in the brain. Sexual arousal is no more than a flow of chemicals to certain nerve endings. Sadness no more than a bit of acid transfixed in the cerebellum. In short, the body is a machine, subject to the same laws of electricity andmechanics as an electron or clock. As such, the body must be addressed in the language of physics. And if the body speaks, it is the speaking only of so many levers and forces. The body is a thing to be ordered, not obeyed.

Taking the night air along the river Aare, one sees evidence for the two worlds in one. A boatman guages his position in the dark by counting seconds drifted in the water''s current. "One, three meters. Two, six meters. Three nine meters." His voice cuts through the black in clean and certain syllables. Beneath a lamppost on the Nydegg Bridge, two brothers who have not seen each other for a year stand and drink and laugh. The bell of St. Vincent''s Cathedral sings ten times. In seconds, lights in the apartments lining Schifflaube wink out, in a perfect mechanized response, like the deductions of Euclid''s geometry. Lying on the riverbank, two lovers look up lazily, awakened from a timeless sleep by the distant church bells, surprised to find that night has come.

Where the two times meet, desperation. Where the two times go their separate ways, contentment. For, miraculously, a barrister, a nurse, a baker can make a world in either time, but not in both times. Each time is true, but the truths are not the same".

Alan Lightman, "24 April 1905", Einstein's dreams

Monday, January 10, 2011

Ecología política, alienación y falsas necesidades: un comentario

Tras leer con inmenso interés los comentarios a la entrada anterior, intenté pensar en algunas posibles réplicas entre paseos después de la comida, preparación de las clases y carreras por el gimnasio. El problema es que una vez más subestimé el poder de los comentarios y de la generosidad de aquellos que de vez en cuando se pasean por este blog. Al margen de dedicar una entrada completa a mi "réplica" (un modo como otro cualquier de dar rienda suelta mi tendencia a alargarme más de la cuenta), me veo obligado a renunciar a una respuesta plenamente detallada a cada uno de los aspectos que se han mencionado. Aún así, las respuestas recibidas trazan una línea argumental preci(o)sa para abordar sin complejos muchos de los cabos sueltos de la entrada original. Vamos allá.
Salir del abstracto mundo de las denuncias teóricas y generales siempre es una práctica desagradecida y arriesgada. Las grandes proclamas y los ambiciosos planes de cambio pueden perder parte de su grandilocuencia cuando toca pasar al terreno de lo práctico y de las aplicaciones a nuestro día a día. El lector puede sentir cierta desilusión cuando comprueba que los rimbombantes enunciados de principios de los que se partía encuentran su reflejo en acciones mundanas y de efecto a menudo modesto y, en ocasiones, incluso incierto. Y sin embargo esta aplicación práctica es tanto o más necesaria que la denuncia teórica de la que se parte. No sólo porque una teoría sin aplicación práctica sería un absurdo ejercicio de retórica (o un paper destinado a Econometrica), sino también porque la praxis contribuye a hacer más transparentes las ideas principales y favorece un debate más amplio e informado al hacer más comprensible los objetivos que se persiguen. En este sentido, las batallas del autoproclamado gobernante Omar están llenas de sentido y son plenamente coherentes con las ideas que subyacen a mi entrada. No sólo porque el ahorro energético es uno de los muchos desafíos que hay que afrontar para reducir nuestra alarmante huella ecológica, sino también porque este tipo de medidas constituye lo que podríamos llamar medidas medioambientales Pareto-eficientes: la mejora medioambiental se acompaña de un beneficio económico (menor factura de la luz) y, por lo tanto, son un primer punto ideal para iniciar los puntos de un programa efectivo y libre de elitismos u oscurantismos. Todos ganamos con estas medidas (menos, claro está, los productores de bombillas: esos precursores de la diabólica obsolescencia programada tal y como se explica en el magnífico documental recomendado por Caterina, otra de las isleñas a la que habrá que seguir de cerca).
Por desgracia, aunque esto sea un buen primer paso, las políticas derivadas de la ética ecologista no podrán reducirse al grupo de medidas pareto-eficientes en la que todos somos felizmente más verdes sin cambiar sustancialmente nada en nuestro modo de vida actual. Nada nuevo bajo el sol, claro. Dziga pone el dedo en la llaga cuando pregunta por los individuos que optan autónoma y conscientemente por un comportamiento insostenible. Evidentemente la autonomía no puede constituir un punto y final en nuestra discusión. La ecología política requiere una ética de la responsabilidad a la Jonas que seguramente precisará, como mínimo, de algunos incentivos económicos y de regulación mientras comprobamos si la crisis económica o el debate ciudadano llevan a un cambio de mentalidad que fije los límites de tolerancia para nuestras sociedades. Algunos pensarán que romper con la obsolescencia programada y con el resto de manifestaciones de un sistema que profundiza en angustias y actitudes insostenibles requiere una salida del capitalismo. Puede ser. Puede que no tanto, después de todo. De momento creo que se han sugerido vías de acción tan necesarias como factibles en el corto plazo para iniciar YA un camino que no admite más demoras y que quizá nadie puede decir a ciencia cierta dónde nos lleva. Pero no nos angustiemos más de la cuenta por esto: el rol de las "unintended consequences" no es nada nuevo en nuestras sociedades (y en ocasiones estas consecuencias inesperadas han tenido resultados sorprendemente buenos).
El popperiano Quinlan apunta, como de costumbre, en otra dirección tan acertada como necesaria para entender mejor el terreno en el que nos estamos moviendo y ser bastante más cautos en nuestros desvaríos. De hecho, hace tiempo que una idea similiar me ronda por la cabeza: el gran éxito y la gran dificultad a la que nos enfrentamos son en realidad las dos caras de la misma moneda. Durante casi toda la historia documentada, el nivel de vida de las sociedades humanas se ha mantenido en un nivel constante y bajo. Sólo a partir de 1840-50 una parte del mundo empezó a gozar de un incremento sostenido del ingreso per cápita. Los mercados, la división del trabajo y el progreso tecnológico (y sí: el Estado y unos sistemas políticos cada vez más abiertos) jugaron un rol crucial en este sorprendente despegue. Tras miles de años luchando por escapar de un nivel de vida con tendencia al estancamiento y en niveles claramente bajos (aunque no necesariamente de subsistencia), las mismas fuerzas que han propiciado avances sin precedentes para algunos, nos ponen ante un desafío ecológico que se encuentra con el escollo de una mentalidad de acumulación naturalmente forjada durante siglos de lucha contra la miseria. Por puro respeto al lector (y a mis fuerzas para redactar) no me meteré -por ahora- en la crítica epistemológica de Quinlan. De momento, sólo dejaré constancia de que frente a la postura del venerable Popper, a mí me atraen más las definiciones de ciencia de las entrañables economistas transexuales.
Puede que al final todas estas reflexiones y divagaciones de ingeniería social resulten mortalmente aburridas, pretenciosas, irresponsables o irrelevantes (y tal vez todo a la vez) para un Quinlan o un Wallis cualquiera que no hacen más que pensar cómo la historia está llena de profetas y planificadores sociales que se dan de morros contra la imprevisible complejidad de nuestras sociedades. Entonces yo me me limitaré a contestar que en realidad yo sólo aspiro a planes quinquenales que acaban conmigo luciendo una corbata de colores crudos en un bar de Barcelona mientras pido la carta en un bar (vegetariano) de menús y que yo me entiendo y que aquí paz y después gloria.

Saturday, January 8, 2011

Ecología política, alienación y falsas necesidades

Mientras leo Philosophie de l'écologie politique de Eva Sas me reafirmo en mis afinidades e identifico más claramente mis fuentes de dudas y de crítica.
Me siento plenamente identificado con los problemas ecológicos que nos acucian y que constituyen el punto de partida de la teoría. También comparto la idea de que la ecología no puede enfocarse desde una perspectiva únicamente medioambiental bajo riesgo de caer en algo vacío, inconsistente o abierto a derivas antidemocráticas (ecofascistas, Illich dixit). La ecología debe insertarse en el seno de una teoría político-filosófica que, de manera bastante natural, nos lleva a situar a la autonomía del individuo en el centro del debate. También me reafirmo en que este protagonismo de la autonomía y de la libertad real de las personas obliga a potenciar la esfera de las actividades autónomas como alternativa a las dos dimensiones a las que tradicionalmente se ha reducido la discusión: estado y mercado. Esta preocupación por la autonomía creo que proporciona un fundamento sólido para medidas como la renta básica que, si bien tal vez no pueden ser un objetivo inmediato, deben constituir una importante guía para nuestros esfuerzos y luchas en el terreno de las políticas económicas y sociales.
No puedo sin embargo reprimir un sentimiento de preocupación o incomodidad cuando me reencuentro con la crítica del capitalismo y del mercado basado en la creación de falsas necesidades y en la alienación del individuo.
"L'écologie politique inscrit ainsi sa vision de l'homme dans la lignée de la pensée 68: l'être humain ne peut être réduit à un producteur-consommateur, il est d'abord un être unique doué de désirs et de créativité. Il faut donc le libérer des contraintes qu'il se crée sans en avoir conscience, pour qu'il puisse se consacrer aux autres dimensions de son être. Il faut également qu'il se libére de ses faux besoins, sans cesse renouvelés, auxquels il consacre une partie significative de son temps éveillé" (p. 48, el subrayado es mío).
Vemos que en esta cita la autonomía del individuo se defiende en contraposición a la alienación y la creación de falsas necesidades.
La ecología política tiene futuro en la medida en que sea capaz de presentar convincentemente sus ideas y las políticas que de ellas se derivan. Mi experiencia me sugiere que los argumentos esbozados en la cita provocan una lógica desconfianza entre el público no convencido. Adoptar una posición "mesiánica" (libérate de la alienación que sufres) o sugerir que el individuo es víctima inconsciente de oscuras fuerzas manipuladoras (tus necesidades son creadas) genera una reacción de rechazo instintivo en el interlocutor. Y esto me parece muy comprensible, por cierto. Mi preocupación, además, va más allá de las reacciones instintivas o de orden puramente pragmático a la hora de exponer las ideas y aumentar sus posibilidades de ser aceptadas. Aunque siento simpatía por la tesis de las necesidades creadas (ya presente en la obra de economistas por los que siento gran cariño como, por ejemplo, Galbraith), reconozco que réplicas como las de Hayek nos obligan a ser cautos en este punto y a no depender más de la cuenta de este argumento. Quizá haya mucha tela que cortar allí donde una parte de la izquierda da por sentado la validez del adjetivo "falso" o "artificial" para denigrar el estatus de las necesidades o preferencias de las personas.
Debo decir que la intuición principal que subyace en estos conceptos me parece correcta -el modelo de crecimiento y acumulación material ilimitados de nuestras sociedades "desarrolladas" no es ni sostenible, ni aceptable, ni justo- pero creo que es importante basar la crítica y las alternativas en argumentos distintos y seguramente más consistentes. La crítica existencialista de Arnsperger -mostrando el sinsentido de basarnos en la satisfacción de unas necesidades y deseos materiales infinitos e incapaces de acabar con nuestras angustias- pueden suponer un buen punto de partida. Hacer posible el desarrollo de actividades autónomas menos intensivas en recursos naturales, puede ser otra interesante pista para proseguir nuestro camino de manera abierta y respetuosa con la infinita gama de opciones de realización personal.
Al fin y al cabo, la ecología política me parece demasiado sugerente, estimulante y prometedora como para dejarme intimidar más de la cuenta por mis dudas y reticencias ante tal o cual detalle en su argumentación. Continuons, alors.

Canción del día / Chanson du jour
Chinese Man - More by Topete

Friday, January 7, 2011

Beirut

Aux armes, mes frères. It's been a long time since I've seen you smile mais ce sourire des dimanches reste là pour ceux qui y croient, pour ceux qui, malgré tout, continuent à marcher à la recherche des breathtaking sunsets et des retrouvailles avec leurs espoirs et leurs rêves. On continue.

BEIRUT _ CHEAP MAGIC INSIDE from Vincent Moon / Petites Planetes on Vimeo.