"[El espectáculo deportivo televisado] ha de atender las exigencias de los espectadores y amoldarse a las preferencias de los diferentes públicos nacionales por este o aquel deporte e incluso a las expectativas nacionales o nacionalistas, mediante una selección sagaz de los deportes y las pruebas susceptibles de aportar éxitos a sus ciudadanos y satisfacciones a su nacionalismo"
P. Bourdieu, "Los Juegos Olímpicos: programa para un análisis" en Sobre la televisión.
En los últimos días, España está invadida por una cierta euforia y sentimiento de omnipotencia gracias a los éxitos deportivos. Se acumulan las noticias sobre competiciones ganadas, se enumeran los deportes en los que los españoles sobresalen y Facebook -ese histriónico termómetro social- ya ha creado una página llamada "Soy español, ¿a qué quieres que te gane?" que cuenta con 607 adeptos.
Es innegable que España ha experimentado una mejora en su nivel de competitividad en ciertos deportes y también creo que, en muchos casos, los deportes en los que más se ha mejorado son aquellos en los que España tiene más tradición o afición histórica. El fútbol, el baloncesto o el ciclismo son los ejemplos más evidentes de ello. Admitiendo esta causalidad que va de la afición a los éxitos, no creo que haga falta demasiado gusto por la provocación o desempolvar frases de viejas lecturas de Bourdieu para darse cuenta de que en muchas ocasiones la causalidad es exactamente la contraria: los éxitos crean afición. Dando otra vuelta de tuerca a la causalidad inversa podría decirse que los éxitos se utilizan como un pretexto para crear afición y ofrecer una visión (interesadamente) sesgada que realce el orgullo patrio. Haciendo gala de cierta malicia, creo que la pregunta de la página de Facebook ("soy español, ¿a qué quieres que te gane?") podría contestarse con algo así: querría que me ganases a rugby, baseball, ping-pong o críquet. Se podrá argumentar que estos son deportes que tradicionalmente no se han practicado en España. Esto podría explicar la falta de afición y, por tanto, la falta de competitividad de los españoles en estos deportes. Clásica causalidad de la afición al éxito, al fin y al cabo. Simplemente realizaré dos apuntes al respecto. En primer lugar, la falta de afición histórica sobre la Fórmula 1 en España no ha impedido que, cuando Fernando Alonso ha empezado a ganar títulos, las noticias sobre Fórmula 1 hayan ganado un puesto de privilegio en las secciones de deporte de todos los medios de comunicación. En segundo lugar, aún olvidando el primer comentario, creo que la idea principal que tenía en mente al escribir la entrada es inmune al argumento "de la afición al éxito": la omnipotencia deportiva de los países es una realidad tremendamente relativa (por no decir falsa) y sujeta a un más que discutible afán por promover el orgullo patrio frente a los rivales extranjeros. Quizá lo que pasa es que soy un mal patriota. Qué le vamos a hacer.
* Actualización (6 de noviembre de 2010): La farsa y el patriotismo de hojalata más al descubierto que nunca.
* Acutalización (II): Leído hoy (16 de noviembre de 2010) en la entrevista digital a José Sámano en El País:
PREGUNTA DEL LECTOR: Yo quisiera saber porque con la formula 1 hay tanta imparcialidad y si gana cualquiera que no sea alonso es por trampas o errores de los demas, no lo entiendo y no creo que se solo se le apoye por ser español, si por ejemplo en motos gana Valentino Rossi u otro no dicen que se lo merecia mas lorenzo o pedrosa porque hiubo trampas o fallos o lo que sea digo yo, no se dan cuenta de que hay mucha gente que le tiene mania a alonso por cosas como esta un saludo
JOSÉ SÁMANO: Estoy muy de acuerdo con usted. Con Alonso hay un miramiento patriótico que en muchas ocasiones me parece excesivo. Alonso es un excelente piloto, pero con tachas, con comportamientos (como en McLaren con el asunto del espionaje) de dudosa fidelidad a quien le paga (...).

